El abuso del móvil está causando un aumento de tendinopatías y artrosis en los dedos y las palmas de las manos que afecta a gente cada vez más joven.

La rizartrosis, también llamada artrosis del pulgar, era hasta hace muy poco una patología propia de la gente mayor, especialmente de aquellas personas que habían desempeñado actividades o trabajos en los que habían tenido que hacer movimientos forzados de manera repetitiva con los dedos durante años. De hecho, esta patología se denominaba comúnmente artrosis de las costureras, dado que las profesionales de este gremio lo sufrían como consecuencia de sujetar las finas agujas y empujarlas a través de la tela durante sus largas jornadas laborales.

La mecanización de este tipo de oficios manuales y el desarrollo de herramientas más ergonómicas trajo consigo una considerable reducción de la tasa de este problema. Sin embargo, las nuevas tecnologías, fundamentalmente los smartphones, la han sacado del olvido hasta el punto de que en las consultas de los especialistas cada vez se tratan más casos de tendinopatías y artrosis en los dedos. Asimismo, la incidencia de este problema articular ha sufrido en drástico aumento en adolescentes y jóvenes, colectivos hiperconectados a estos dispositivos.

El fenómeno es tan llamativo, que en 2014 la revista The Lancet se hizo eco de un caso descrito por Inés Fernández Guerrero, investigadora española del Complejo Hospitalario Universitario de Granada, en el que una paciente sufría debilidad y dolor en los pulgares y las muñecas de ambas manos después de haber estado enviando mensajes por WhatsApp de manera masiva durante las fiestas navideñas de ese año. De esta manera, la artrosis o dolor de las costureras pasó a llamarse WhatsAppitis. La enfermedad era la misma, pero el detonante de los síntomas era distinto.

En qué consiste la artrosis del pulgar

La rizartrosis se produce cuando el cartílago que amortigua la fricción de las articulaciones de los dedos se va desgastando como consecuencia de la edad o de la repetición de posturas o movimientos muy forzados durante periodos prolongados de tiempo. La pérdida de amortiguación natural provoca dolor (en este caso en la base del pulgar) que va en aumento a medida que se agrava el deterioro de la articulación.

También suele aparecer dolor en la muñeca, hormigueo o entumecimiento de los pulgares debido a la inflamación de la membrana sinovial, la capa que tapiza la parte interna de las articulaciones, lo que se conoce como tenosinovitis. Además, se pueden sufrir chasquidos, bloqueos que impiden mover los dedos o girar la muñeca correctamente y debilidad muscular al escribir, abrir recipientes a rosca, sujetar objetos, cortar con las tijeras, abrocharse la ropa…

Consejos para prevenir la WhatsAppitis

  • Limitar el tiempo de uso de los teléfonos móviles y trabajar, siempre que sea posible, desde dispositivos con teclado físico.
  • Decantarse por teclados táctiles en los que no hay que ejercer una gran presión para escribir o activar las funcionalidades del teléfono.
  • Teclear, siempre que se pueda, con ambas manos y usando varios dedos, no solo el pulgar.
  • Aumentar el uso de las notas de voz si el mensaje es largo para evitar tener que escribirlo.
  • Si es posible, escribir los mensajes con el teléfono apoyado encima de la mesa usando varios dedos.
  • Evitar sujetar el teléfono con la misma mano que se escribe. El tamaño de muchos smartphonesdificulta el gesto de sujetarlo cómodamente con una mano, además de incrementar su peso. De esta forma, al cogerlo y teclear al mismo tiempo se sobrecarga la muñeca y se fuerza todavía más el movimiento del dedo gordo.
  • Si no hay más remedio que usar el smartphone durante un tiempo prolongado, es conveniente estirar los dedos y realizar movimientos de rotación con las muñecas, además de masajear la zona para aliviar la tensión acumulada.

Es importante tener en cuenta que si la inflamación y el dolor se tratan cuando solo afectan a la musculatura y a los tendones, el paciente evoluciona favorablemente en poco tiempo con medicación, ejercicios y, en los casos más resistentes, fisioterapia. No obstante, cuando la artrosis ya se ha instaurado y el daño articular es relevante, no existe curación. Es decir, el cartílago que ya se ha perdido no puede recuperarse, de forma que las medidas de tratamiento están encaminadas a frenar el deterioro articular e impedir que vaya a más.